miércoles, abril 12, 2006

TU DON PARA DISFRUTAR


Ese día ya no pude más, su mirada me despreciaba con un velo de tormento.
Sentí que no podría mirarla mas por detrás de sus ojos, un mal día se vendría desde ahora.
Su caminar cabizbajo pusilánime lo hacia ver como un alma en pena, por algún motivo sus pasos se detuvieron, yano había en él esa algarabía que lo destacaba de los demás. La dulzura de su mirada cabía huido como la luz de una sepultura, era notorio el cambio, ya no seria el mismo. Alejandro se había ido, se había ido tras el recuerdo de una silueta otrora amante, ahora incomprensible a la suerte del amante. ¿Acaso es tanto pecado para la humanidad, que un joven sienta amor?, en el fondo de su ser el se desvanecia.
"Ahora caminare sin destino, el caminar me hace olvidarla, ¿qué es lo que me sucede?, me habré convertido......en algo repugnante...."no me gusta esta
sensación, puede que me aliene.
-Tengo dinero para algo, pero que no sea alcohol, que tipo de desilusión amorosa seria esta al ahogarmis impulsos en una solución virulenta, que lo único que lograría seria volverme a una situación aun más decadente de la que encuentro.
Santiago a veces es muy gris para tanta cordura, en otros tiempos no hu-hiera llorado, pero el sol ya muriendo en un abominable ocaso que relata mi perecer a la luna que pálida me cobija en una habitación de amargura azulesca.
-¿Dios, tanto te he ofendido, para que me castigues de tan salvaje forma?.
Mis piernasya no suben las escaleras, que me esta sucediendo, ideas, ideas endemoniadas, recorren las paredes.
-Y
fumo.

Ya no podía sostener su cabeza sobre los hombros, la oscuridad hacia yagasen sus sudadas manos, las delgadas y pálidas manos ya ni siquiera podíansostener el blanco cigarro, habría fumado más cigarros que un conjuntode desdichados esperando su hora de ejecución, esperando esa voz defue­go, la del verdugo. Pero él es diferente, él es su propio verdugo.Mis ojos ya no ven, las cascadas de lagrimas ciegan mis alientos, no sientofuerzas. >
-Es tan salvaje vivir que solo logran crecer los árboles, que burlándose en la ventana con sus hojas y el viento provocan arcadas en mi respirar, ya nada me llama la atención, solo desearía
no estar aquí para verlo, el susurro de los amantes en la pieza contigua, me recuerda el tiempo en que pretendí ser feliz, los ojos nuevamente se opri men ante la oscuridad. Mis latidos no son normales.

-¿Qué es lo que habré hecho dios mío?.
Si!, te he negado, lo reconozco, pero acaso, ¿No perdonas a los impíos?, ¿no eres acaso el dios de misericordia divina?, pues entonces ahora llévame contigo y detiene este lamentable momento.
-Hubiera deseado el ocaso de otra forma.
-Quizás con la espina, que de niño jugando en los jardines me rasmille los brazos, abrirlos en infantil juego de luz y de sombras.
Ese recuerdo provoco en la mirada del joven Alejandro el último aliento de cordura, la humillación habría de llegar a su momento más álgido en pocos instantes, las horas pasaban como si fuesen batallones de criminales miradas sobre su pesar, él había sido muy precoz, durante su corta vida se destaco por los logros más significantes para con sus contemporáneos, tuvo mil aventuras amorosas y a todas las dejaba sin saber por que, pero nunca había sentido el aliento de la vida, la felicidad del hombre, el ver transpa­rencia al caminar, la liviandad de la estupidez del enamorado, del idiota que siente amar, que logra amar y no lo controla, sino que se deja llevar al fin, al purgatorio de losenamorados. La oscuridad rodeaba al joven, el humo de los cigarros ha­cían ya insostenible el respirar, si hasta la oscuridad deseaba huir, pero el no la dejaba.
-Será necesario que deba ver nuevamente otro día?, que la naturaleza se sienta fracasada de su creación, tanta tristeza harían desaparecer el ritmo de la vida, solo es cosa de darle tiempo a la lóbrega mujer para que me envuelva en sus fríos cabellos y hacer el amor en una noche que duraría millones de ocasos nunca terminables y caer en el insostenible ocaso en que me estoy dejando llevar.
-Sin duda es mi tiempo más lamentable.
-¿Ahora estas contento?.
El color de mi alma se escapa entre mis dedos, mis poros dejan escapar vida, desearía beber pero he prometido a la sombra descansar a la luz de la ago­nía. He intentado beber un vaso de agua pero mis dedos ya han dejado escapar la mitad de mi vida y este poco de sangre que me arraiga al sufri-miento, me hiela el alma. Los vidrios esparcidos alrededor de la pieza re-flejan la luz mortuoria de la luna, gotas de sangre riegan los pies del infeliz, lagrimas de sal yagan agriaban la piel de ese insipiente esperpento de la raza humana, aborigen amante, estas conociendo la esencia del vivir y no has sido capaz de sobrellevarla, has de esperar poco, lo noto en tus ojos, tus ojos solo se asemejan al flujo apresurado de un joven enamorado y des­truido por el mismo sentir.
- Y si los vidrios vinieran a mí de forma encarnizada?, ¿Perdonarías mis pecados?, ¿Tendrías algo de misericordia, dios mío?,......¡mira mi sufrimiento!!.
A Acaso me abandonas al igual que a tu hijo!.
-¡¡Desgracia que caiga en ti!!, tanto como ha caído en mi.
-Y aun así, no detendrías mi sufrir.
-Mira mis manos ya atormentadas, no lo entiendes?, lo hago por el don que tu nos otorgaste:
-El amor es acaso, tu más preciado don y regalo?
Es tan purificador el sufrir de mi alma y la de los infelices que ahogan su vida en vicios que después tu mismo condenas a través de tus santos envia­dos?.
-Inmisericorde dios!!, mira lo que he conseguido con ser tu imagen y seme­janza!!.
-Blanca palidez y amargura de alma.
El joven, en el rincón de la lóbrega habitación comienza a sentir las raíces de la oponente muerte, acercándose a sus brazos un vidrio redentor comien­za a cegar su vida, la creación del divino
- Y si los vidrios vinieran a mí de forma encarnizada?, ¿Perdonarías mis pecados?, ¿Tendrías algo de misericordia, dios mío?,...mira mi sufrimiento
-¡Acaso me abandonas al igual que a tu hijo!.
-¡¡Desgracia que caiga en ti!!, tanto como ha caído en mi.
-Y aun así, no detendrías mi sufrir.
-Mira mis manos ya atormentadas, no lo entiendes?, lo hago por el don que tu nos otorgaste:
-El amor es acaso, tu más preciado don y regalo?
Es tan purificador el sufrir de mi alma y la de los infelices que ahogan su vida en vicios que después tu mismo condenas a través de tus santos envia­dos?.
-Inmisericorde dios!!, mira lo que he conseguido con ser tu imagen y seme­janza!!.
-Blanca palidez y amargura de alma.
El joven, en el rincón de la lóbrega habitación comienza a sentir las raíces de la oponente muerte, acercándose a sus brazos un vidrio redentor comien­za a cegar su vida, la creación del divino, una melodía de hermosas voces angelicales alegraron la habitación, el joven gritaba, déjenme solo señor!. Estaba nadando en una mortaja
de vidrios, lana y sangre, que gustosa comenzaba regar toda la habitación, la risa enajenaba el rostro del joven, el dolor, el llanto, solo la maravillaban ante este espectáculo que tiene delante de sí, su propia vida, que ahora es-taba dispuesto a dejar, de una vez por fin seria libre de los hatos terrenales. La mirada del joven no encontraba un lugar donde lijarse, sus dedos ya no se moverían más, nunca volverían a acariciar los jugosos papeles que ilu­minaron su vida un día. Ahora solo le quedaba esperar.
-Siento frío, me,siento mal, ¿dios perdona a este pecador, que no controla tu sabio don y lo hace su propio enemigo, ahora voy en tu busca, sírveme de orientación o maldición, pero nunca he de ser tu semejanza.
-Mamá!, Mamá!, Mamá!, tu hijo se ha hecho hombre y no estas para verlo.
-Hoy me ha de saludar la luna y no estarás para verlo, no habrá nadie para verlo.

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